El gobierno de Donald Trump anunció el retiro de Estados Unidos de más de 60 organismos internacionales, entre ellos la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), el tratado que constituye la base institucional de toda la cooperación climática global, y del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), principal autoridad científica internacional en materia de cambio climático.
La decisión representa un hecho sin precedentes: Estados Unidos se convertiría en el primer país en abandonar formalmente la CMNUCC, debilitando los espacios multilaterales de coordinación frente a la crisis climática. Según la administración estadounidense, estos organismos promueven políticas que no responden a los intereses nacionales y suponen un costo elevado para los contribuyentes.
Sin embargo, la cooperación internacional en el marco de la CMNUCC ha sido clave para reducir las proyecciones de aumento de temperatura global hacia finales de siglo. Diversos análisis indican que los compromisos asumidos bajo el Acuerdo de París han contribuido a disminuir el calentamiento esperado, aun cuando las metas actuales siguen siendo insuficientes para cumplir el objetivo de 1,5 °C.
La salida de Estados Unidos ocurre en un contexto de intensificación de eventos climáticos extremos, impactos económicos crecientes y una aceleración de la transición energética a nivel global. Organizaciones internacionales y actores de la sociedad civil han advertido que esta decisión podría aislar al país de flujos de financiamiento climático, inversiones en energías limpias y espacios estratégicos de gobernanza global.
A pesar de este retroceso, el proceso multilateral continúa. Más de 80 países han reafirmado recientemente su compromiso con una transición hacia economías bajas en carbono, lo que refuerza la idea de que la acción climática global avanza más allá de las decisiones de un solo gobierno.