Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una oportunidad para reconocer el valor estratégico de estos ecosistemas en un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos naturales.
Los humedales —como esteros, deltas, lagunas, marismas y turberas— cumplen funciones ambientales fundamentales. Actúan como reguladores naturales del agua, absorbiendo excedentes durante lluvias intensas y liberándola gradualmente en períodos secos. Esto ayuda a reducir el riesgo de inundaciones, mitigar sequías y sostener la disponibilidad hídrica para comunidades y actividades productivas.
También funcionan como filtros naturales, mejorando la calidad del agua al retener sedimentos y contaminantes. Además, albergan una gran biodiversidad y brindan hábitats esenciales para numerosas especies.
En términos climáticos, los humedales desempeñan un rol relevante como sumideros de carbono. Sus suelos pueden almacenar importantes cantidades de carbono orgánico durante largos períodos, contribuyendo a la mitigación del cambio climático. Cuando estos ecosistemas se degradan o se transforman, ese carbono puede liberarse, intensificando el problema.
Proteger y gestionar de manera sostenible los humedales es una inversión en resiliencia, seguridad hídrica y estabilidad climática. Reconocer su valor es un paso clave hacia un desarrollo más equilibrado y sostenible.